TLDR
El governance real en compras no se mide por políticas ni comités, sino por cuánta visibilidad y control efectivo tienes sobre todo el gasto, incluyendo el que hoy ocurre fuera del radar de procurement.
Muchas áreas de compras creen tener control del gasto.
La realidad es menos cómoda: solo gestionan la parte del gasto que las áreas técnicas deciden canalizar.
Ahí aparece una pregunta incómoda, pero clave: ¿tu governance es real… o solo declarativo?
El governance real no es un documento ni un flujo aprobado en una presentación. Es la capacidad efectiva de influir, ordenar y decidir sobre cómo, cuándo y con quién se gasta.
En la práctica, conviven dos niveles:
Si una compra ocurre sin visibilidad, sin datos y sin comparación, no está gobernada, aunque luego pase por una firma administrativa.
Porque compras entra tarde al proceso.
En muchas organizaciones el flujo real es este: la necesidad se define, el proveedor se sugiere y la urgencia se instala antes de que compras participe.
Cuando procurement aparece solo para formalizar, no gobierna: valida decisiones ya tomadas.
El gasto fuera de control no siempre es el más grande, pero sí el más recurrente y opaco.
Este gasto acumula sobrecostos silenciosos, dependencia de proveedores y cero aprendizaje organizacional.
Hay señales que se repiten con frecuencia:
El resultado es un área de compras ocupada, pero no necesariamente estratégica.
Cuando el control deja de depender de personas y pasa a depender de estructura, el governance se vuelve real.
Las organizaciones más maduras comparten tres rasgos:
Un ejemplo es Autopistas de Antofagasta, donde la estandarización de procesos permitió concentrar cerca del 80 % de las compras bajo un mismo modelo de control y comparación.
El verdadero governance en compras no depende de autoridad formal, sino de diseño de procesos.
Cuando el gasto deja de esconderse y empieza a mostrarse completo, con datos y trazabilidad, procurement deja de validar y comienza a gobernar.