Hay algo incómodo en los cambios de producto que a veces olvidamos quienes los construimos. Para nosotros, una nueva experiencia puede representar meses de trabajo y una oportunidad de hacer las cosas mejor. Para quien la usa todos los días, puede significar cambiar un hábito que se construye con el tiempo.

Eso fue parte de lo que ocurrió con la nueva Vista de Ofertas Recibidas, la pantalla donde ocurre la evaluación de ofertas de una licitación.

La vista anterior llevaba tiempo con nosotros y también había llegado a un punto en que seguir mejorándola era cada vez más difícil. Renovarla abrió espacio para simplificar la evaluación de ofertas, incorporar nuevas capacidades y avanzar hacia una experiencia más personalizable para quienes la usan.

Hicimos el cambio pensando en todo lo que podía mejorar. Pero para quien entra todos los días a revisar ofertas y ya sabe casi de memoria dónde mirar, qué comparar o cómo adjudicar, un cambio de vista también puede sentirse como volver a aprender parte del proceso.

 

Una mejora no siempre se siente como una mejora al principio. 

La nueva vista reorganizó la evaluación de ofertas, una de las tareas más importantes de una licitación.

Incorporamos una matriz para facilitar la comparación, acciones de asignación y adjudicación dentro del mismo recorrido, sumamos la posibilidad de ocultar ofertas y WAI como apoyo al análisis. El objetivo era reunir en un mismo flujo cosas que antes estaban más dispersas y dejar una base preparada para seguir evolucionando.

Pero cuando empezamos a llevar ese cambio a nuestros usuarios, no ocurrió como esperábamos.

Ahí quedó una lección bastante clara: los hábitos también forman parte de la experiencia de producto, y una mejora solo funciona de verdad cuando logra integrarse en la rutina de quienes la usan en su día a día.

Donde comparar exige más, la diferencia se hace más visible.

La nueva vista gana más valor cuando comparar empieza a exigir más. Con 1 a 3 ofertas, el tiempo efectivo de evaluación baja un 6%. Con 4 o más, la reducción llega al 32%. Cuando aumentan las alternativas y la carga de analizarlas, también crece el valor de una experiencia que ayude a ordenar esa complejidad. 

Los datos empezaban a mostrar el valor que buscábamos. El uso cotidiano, al mismo tiempo, seguía revelando fricciones y formas de trabajar que todavía necesitábamos entender mejor.

Escuchar también es parte del lanzamiento.

Ahí el lanzamiento entró en una segunda etapa. Acompañamos la transición con capacitaciones, videos, guías visuales y recorridos dentro del producto para ayudar a reencontrar acciones conocidas en el nuevo flujo.

Al mismo tiempo, los comentarios de quienes ya estaban usando la vista empezaron a mover el propio producto. Nos permitieron identificar qué podía resolverse con mejor acompañamiento y qué requería un ajuste en la experiencia.

Terminamos haciendo ambas cosas.

El lanzamiento terminó. La experiencia se sigue construyendo.

Cada comentario puede terminar moviendo una parte del producto. Una acción difícil de encontrar, una forma distinta de comparar ofertas o algo que hoy requiere demasiados pasos puede convertirse en una señal para la siguiente mejora.

No acertamos en todo a la primera. Y quizás lo más valioso fue precisamente lo que pasó después: escuchar, corregir y volver a mirar. 

Porque construir para nuestros usuarios también significa permitir que su experiencia deje huella en el producto.

 


 

¿Quieres conocer mejor la nueva vista?

Preparamos un espacio con guías y materiales para ayudarte a encontrar las principales acciones y aprovechar mejor la nueva experiencia.

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